La huella, del fósil al patrón.

La huella es un espacio vacío, una ausencia de distancia, el punto de contacto entre dos universos. Materializa el instante en que dos mundos se tocan: el mundo real y el de nuestras percepciones. Es la interfaz entre la fugacidad de la vida y su atemporalidad.
Inicialmente inspirada por la técnica tradicional gyotaku, me interesa una impresión directa en bruto que me recuerda a los fósiles de mi infancia en Argelia.
Adapto mi técnica para capturar los detalles más sutiles imprimiendo el animal con acrílico sobre satén. La imagen resultante, como una huella dactilar, reproduce fielmente sus características biológicas únicas.
Estoy explorando otra dimensión temporal: al inventar los fósiles del mañana, estoy cuestionando nuestra visión de las criaturas que nos rodean.
Como si se tratara del archivo de un naturalista, presento esta serie entre dos placas de vidrio.
Una colección de 23 piezas se exhibe de forma permanente en la Cité de l'Océan de Biarritz.
Este trabajo me ha llevado a cuestionar la belleza biológica de una manera diferente, a centrar mi atención en los detalles.
Para resaltar estas particularidades, utilicé una técnica repetitiva, imprimiendo partes aisladas del animal. De esta manera, la forma general del sujeto desaparece y los detalles se multiplican hasta convertirse en motivos.
Un juego sobre la ciclicidad, que vincula el tiempo y la vida.
Lo único que queda es una imagen geométrica donde los vivos permanecen misteriosamente identificables por todos.
Los ejemplares utilizados provienen de pesquerías tradicionales a pequeña escala o son proporcionados por organizaciones de protección y conservación ambiental. Las huellas de tortuga se realizan en colaboración con el centro de cuidados Kélonia, trabajando con los restos de tortugas que no pudieron ser salvadas.








